¿Dónde es más seguro construir en Cali tras el sismo?
El sismo de magnitud 7,4 registrado el 10 de agosto de 2026 con epicentro en San José del Palmar, Chocó, expuso de manera directa las diferencias geológicas que determinan la vulnerabilidad de Cali ante eventos telúricos. Con un saldo que superó las 300 edificaciones con colapso parcial y más de 370 con daños estructurales verificados por las autoridades distritales, la atención técnica y académica se ha concentrado en evaluar qué sectores de la ciudad cuentan con el suelo más apto para soportar nuevos desarrollos urbanos y los procesos de reconstrucción.
De acuerdo con la microzonificación sísmica de Cali, adoptada formalmente mediante decreto distrital con base en estudios geotécnicos, la capital del Valle del Cauca se encuentra dividida en diversas unidades de respuesta sísmica. Estas zonas comprenden la Zona de Cerros, los Flujos y Suelo Residual, el Piedemonte, los Abanicos Aluviales (como los de Cañaveralejo, Meléndez, Lili y Pance), la Transición hacia la planicie y la Llanura Aluvial vinculada a la cuenca del río Cauca.
Las evaluaciones técnicas lideradas por la Universidad Javeriana y los balances de ingenieros civiles señalan que los suelos más competentes y con menor nivel de amplificación de ondas sísmicas son aquellos compuestos por formaciones rocosas y depósitos consolidados. Estos sustratos corresponden principalmente a las áreas de piedemonte y a la Zona de Cerros en el occidente de la ciudad.
En este tipo de suelo duro, las ondas sísmicas viajan a mayor velocidad y no sufren el atrapamiento energético ni el incremento de aceleración superficial que ocurre en estratos blandos. Este factor explica por qué los barrios cimentados directamente sobre basamento rocoso en la ladera no registraron el nivel de fallas estructurales por vibración que afectó a varios sectores de la planicie.En contraste, el comportamiento del terreno fue adverso en las zonas de abanicos aluviales del sur. Barrios como Tequendama, Pampalinda, Cuarto de Legua y Cañaveralejo están situados sobre el abanico aluvial conformado históricamente por los sedimentos y desbordamientos de los ríos Cañaveralejo y Meléndez.
La investigación técnica de la Universidad Javeriana comprobó que estos depósitos aluviales actuaron acelerando y amplificando frecuencias sísmicas específicas. Este fenómeno provocó una condición de resonancia que coincidió con el período de oscilación propio de edificaciones de cuatro y cinco pisos. Dicha interacción entre suelo blando y frecuencia de las estructuras generó un alto índice de daños y colapsos en inmuebles construidos antes de la aplicación obligatoria de la normativa sismorresistente NSR-10.
Por su parte, la llanura aluvial y los sectores del oriente de Cali presentan suelos conformados por estratos profundos de arcillas y limos blandos. Aunque durante este evento con profundidad en torno a los 100 kilómetros la concentración de colapsos se focalizó principalmente en los abanicos del sur, los registros geotécnicos advierten que los suelos blandos de la llanura conservan susceptibilidad ante deformaciones si no se ejecutan cimentaciones profundas y diseños acordes con los niveles freáticos de la zona.Frente a la determinación del suelo más apto para construir, los análisis de ingeniería indican que la aptitud no implica la clausura definitiva de sectores, sino la obligatoriedad de condicionamientos técnicos diferenciados.
Los suelos rocosos y de piedemonte resultan ser los más favorables frente a la amplificación sísmica, siempre que los estudios particulares descarten riesgos de deslizamiento o inestabilidad de ladera. Por el contrario, en los abanicos aluviales y en la llanura sedimentaria, construir demanda estudios geotécnicos de mayor profundidad y sistemas estructurales calculados para desfasar la frecuencia del edificio respecto a la oscilación del terreno.
Frente a estos hallazgos, desde el Concejo de Cali y sectores técnicos se ha solicitado formalmente a la administración distrital acelerar la entrega de informes técnicos y revisar la microzonificación sísmica. El objetivo planteado es incorporar las mediciones registradas el 10 de agosto en los instrumentos del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), garantizando que la expedición de licencias y las obras de reforzamiento se ajusten de manera estricta al comportamiento geológico de cada microzona de la ciudad.